
El milagro formoseño: superávit fiscal en una provincia fundida y con ley de emergencia económica vigente
leonardo fernández acosta
Formosa, con el 67% de su población sumida en la pobreza y el 84% de sus ingresos dependientes de la coparticipación federal, acaba de anunciar con bombos y platillos un “superávit financiero” del 6,9% en el primer trimestre de 2025. La cifra, que podría hacer sonreír a un burócrata del Ministerio del Interior, oculta bajo su apariencia técnica un nivel de cinismo político que ya es moneda corriente en el relato oficial del gobierno de Gildo Insfrán.
Porque mientras los números se alinean prolijamente en las planillas de la Dirección Nacional de Asuntos Provinciales, en las calles de Formosa se alinean los ciudadanos ante hospitales desbordados, comedores populares y changas mal pagas. El "milagro fiscal" se sostiene no por la eficiencia en la recaudación, sino por la miseria estructural, los sueldos más bajos del país, el congelamiento del empleo público real, y una Ley de Emergencia Económica que, como si de una dictadura económica se tratara, se prorroga automáticamente desde hace más de dos décadas en una Legislatura devenida en escribanía obediente.
Según los datos oficiales, el 16% de los ingresos formoseños proviene de recursos propios, recaudados por la Dirección General de Rentas. ¿Y el resto? Nación. Es decir: el modelo “autosustentable” de Insfrán depende casi exclusivamente de la chequera nacional, lo cual hace aún más grotesca la afirmación de que Formosa está “entre las jurisdicciones con mayor mejora en la recaudación”. No se puede mejorar lo que nunca se tuvo.
El crecimiento real del gasto del 37,8% tampoco se traduce en mayor calidad de vida. Los aumentos salariales están muy por debajo de la inflación, los hospitales siguen sin insumos y la infraestructura escolar, cuando no se inaugura con carteles de cartón, se cae a pedazos. Lo que sí crece, como siempre, es el gasto en propaganda oficial, la maquinaria clientelar y las cajas negras de un poder feudal.
El relato fiscal del gobierno formoseño es apenas otra expresión de su capacidad para construir fantasías contables sobre el fondo de un drama social perpetuo. En cualquier provincia medianamente institucionalizada, un superávit fiscal sostenido con 2 de cada 3 personas en situación de pobreza sería motivo de escándalo, no de festejo.
Pero en Formosa, donde todo es excepcional salvo la emergencia permanente, el cinismo es política de Estado. Y el superávit, apenas una estadística más que sirve para adornar un relato en el que el hambre es invisible, la dependencia es virtud y la mentira, política pública.


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