
Orrabalis y la farsa sanitaria: hospitales vacíos y pacientes esperando en los pasillos
leonardo fernández acosta
El candidato a diputado nacional por el Frente de la Victoria, quien también es secretario de Ciencia y Tecnología, Camilo Orrabalis se subió al atril con tono épico, como si acabara de inaugurar el Garrahan en Formosa, cuando en realidad cortó cintas de un edificio sin médicos, sin insumos y sin capacidad real de respuesta.
El flamante hospital de Villa Hermosa, presentado como emblema del “Estado presente”, se suma a la lista de centros de salud donde los pacientes deben esperar horas y horas en guardias colapsadas, muchas veces en pasillos atestados, soportando la fiebre o el dolor en una camilla improvisada.

En la práctica, lejos de ser un “acto de amor por el prójimo”, como declamó Orrabalis, la atención pública se convierte en un vía crucis de espera interminable que termina, en no pocos casos, en la derivación a clínicas privadas socias del poder político. Así funciona el engranaje: se inauguran edificios, se multiplican discursos, pero la solución concreta siempre es la misma—trasladar la demanda a prestadores amigos que facturan al Estado.
La paradoja del “modelo formoseño” es brutal. Se construyen hospitales que no pueden completar su staff médico ni sostener guardias básicas, mientras el oficialismo se vanagloria de producir médicos y enfermeros en universidades provinciales. ¿Dónde están esos profesionales? ¿Por qué, si la provincia “forma conocimiento y talento” como pregona Orrabalis, la gente debe esperar media jornada en un pasillo para que un clínico la reciba, o aceptar ser derivada a una clínica privada porque el hospital público no tiene especialista de guardia? La distancia entre relato y realidad se mide en horas de espera, en el cansancio de los familiares que hacen cola a la madrugada, en el miedo de quienes saben que una derivación puede costarles no solo tiempo, sino también complicaciones graves de salud.
Mientras tanto, Orrabalis recita de memoria a Perón, Evita y Ramón Carrillo, como si la cita ilustre alcanzara para tapar la precariedad. Dice que en Formosa “se acrecientan” los hospitales, cuando en verdad lo que crece es el tiempo de espera, la sobrecarga laboral del personal y la dependencia de un negocio privado disfrazado de política sanitaria. Habla de “Estado presente”, pero ese Estado se hace presente únicamente en la foto de inauguración y en la propaganda oficial. A la hora de la verdad, el paciente está solo, esperando en un pasillo o siendo derivado al circuito de clínicas amigas.
El remate de Orrabalis, “Vamos fuerte al medio y con el corazón”, suena casi grotesco: al medio no van médicos ni recursos, solo el aparato de propaganda. El corazón, en cambio, lo ponen los formoseños que deben resignarse a un sistema de salud cada vez más deteriorado, donde la única constante es la espera interminable. El “modelo formoseño” que él describe como único y ejemplar se parece más a un espejismo: se ve grandioso desde el atril, pero cuando alguien enferma, se derrumba en cuestión de horas.
Una mujer esperó durante horas en el pasillo del hospital
En el hospital Central una paciente con dervación estuvo esperando durante horas en el pasillo del Hospital, fue abordado por un médico oficialista que lo echaba y la policía que también intentó sacarlo a los empujones. Finalmente para evitar el escándalo le consiguieron urgente una cama. Otros paciente esperaban en el pasillo.
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