
Vuelos VIP peronistas, fotos y cocina política: Kicillof aterriza en Formosa para sellar un armado con Insfrán
leonardo fernández acosta
El aeropuerto El Pucú de Formosa fue escenario este martes de un inusual movimiento aéreo que no pasó desapercibido. Cerca de las 18 horas aterrizaron al menos dos vuelos ejecutivos: un Learjet matrícula LV-FUF, de la empresa Baires Fly, y otro LV-ZGR, perteneciente a Pacific Ocean. Aviones privados, vuelos VIP y un costo que, según estimaciones del propio sector aeronáutico, supera cómodamente los 20 mil dólares por tramo. Nada fuera de lo habitual cuando se trata de gobernadores peronistas en pleno reacomodamiento de poder.
La comitiva que llegó a Formosa tendría como figura central al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, quien se prepara para mostrarse este miércoles junto a Gildo Insfrán. El encuentro no es casual ni meramente protocolar: es política pura, cocina interna del PJ y una señal clara de distanciamiento del eje que aún orbita alrededor de Cristina Fernández de Kirchner.

Insfrán juega su propia carta. El gobernador formoseño, uno de los últimos barones territoriales del peronismo, busca posicionarse como expresión de un peronismo post-kirchnerista que se resiste a desaparecer. Pero sabe que solo no llega a ningún lado. Necesita socios, volumen político y una figura con proyección nacional que lo sostenga. Kicillof, urgido de construir poder federal más allá de Buenos Aires, aparece como el aliado ideal.
La agenda oficial habla de obras, convenios y recorridas. La política real va por otro carril.
Según se informó, Kicillof será declarado Huésped de Honor y compartirá con Insfrán una extensa agenda: visita al Centro de Medicina Nuclear y Radioterapia “Néstor Kirchner”, firma de un convenio de cooperación en el Polo Científico, recorridas por institutos técnicos, la planta de biosiderurgia, el Parque Acuático “17 de Octubre” y otras obras públicas. Una postal prolija, institucional y cuidadosamente guionada.
Pero el trasfondo es otro. El viaje se da en una semana políticamente caliente, con el Gobierno nacional empujando una reforma laboral resistida por gremios y con una marcha federal en puerta. En ese contexto, Kicillof necesita mostrarse como referencia del peronismo que sobrevive, se reagrupa y busca alternativas de liderazgo. Insfrán, por su parte, ofrece territorio, estructura y una lógica de poder aceitada durante décadas.
La foto que se sacarán este miércoles no es inocente. Es un mensaje hacia adentro del PJ: hay vida después del kirchnerismo duro y hay gobernadores dispuestos a ensayar un nuevo armado, aunque sea a fuerza de vuelos privados, gastos millonarios y acuerdos cocinados lejos del electorado.
Mientras tanto, Formosa vuelve a ser escenario de una política que se mueve por arriba, aterriza en jets ejecutivos y discute el futuro del peronismo sin demasiadas explicaciones públicas. El show institucional está servido. La factura, como siempre, corre por cuenta del Estado.


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