
El espejismo del 10% y la claque sindical aplaudidora
leonardo fernández acosta
Otra vez el ritual gastado: el gobernador Gildo Insfrán anuncia un aumento salarial “histórico”, y los gremialistas, fieles a su papel de comparsa, lo celebran como si se tratara de una conquista heroica. Esta vez, el número mágico es un 10%, que supuestamente lleva el acumulado del año a un 55%. Pero la matemática del relato oficial siempre es selectiva: el 55% suena grande en los papeles, aunque frente a una inflación que ya pulverizó los bolsillos en más de un 100% en los últimos meses, es apenas un parche que llega tarde y mal.
El discurso oficial repite la misma cantinela: “cuidar el poder adquisitivo”, “acompañar a los que menos ganan”, “recursos propios sin endeudamiento”. Palabras que se deshacen en el aire frente a la realidad de miles de trabajadores formoseños que no llegan a cubrir la canasta básica. El salario mínimo “de bolsillo” garantizado de $880 mil es presentado como un acto de generosidad, cuando en los hechos apenas supera la línea de pobreza para una familia tipo.
Más obsceno todavía es el coro sindical. Los dirigentes, lejos de defender a los trabajadores, se convierten en voceros del gobierno. César Morales (UDA) y Isabelino Idoyaga (UPCN) parecen más asesores de prensa de Insfrán que representantes de los asalariados: repiten sin rubor que “ninguna otra provincia da aumentos” y que “es lo que hay y es lo que se puede”. Agradecen la limosna como si fuera un regalo personal, borrando de un plumazo la función elemental del sindicalismo: luchar por mejores condiciones de vida y no por quedar bien en la foto.
La verdad es incómoda pero evidente: la política salarial de Insfrán es un ejercicio de control político más que una solución económica. Asegura la dependencia de miles de estatales de un sueldo que apenas les permite sobrevivir y compra la lealtad de gremialistas dispuestos a aplaudir lo que sea con tal de mantener sus privilegios.
El supuesto “esfuerzo del Tesoro provincial” es apenas otro acto de prestidigitación contable: se anuncian cifras millonarias, se maquillan los porcentajes y se repite hasta el cansancio que “no hay endeudamiento”. Mientras tanto, la precariedad del empleo privado, el atraso docente y el deterioro de las jubilaciones continúan profundizándose.
El 10% de Insfrán no es más que un espejismo: un aumento efímero que se evapora al contacto con los precios del supermercado. Y la obsecuencia gremial que lo rodea es la confirmación de un sistema donde los sindicatos dejaron de ser defensores de los trabajadores para convertirse en celadores del poder. En Formosa, los aplausos valen más que la dignidad.


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