
Delirios de archivo: el “liderazgo nacional” de Gildo Insfrán según Raúl Timerman
leonardo fernández acosta
Hay opiniones que no envejecen bien. Otras directamente nacen oxidadas. Lo que dijo Raúl Timerman sobre Gildo Insfrán pertenece a esta segunda categoría: un testimonio fósil de la política setentista, con olor a cassette grabado en la era del PJ ortodoxo, intentando revivir un liderazgo que solo existe en los titulares alquilados de AGENFOR.
Presentar a Insfrán como el “líder natural del peronismo” después del último derrumbe electoral en Buenos Aires —donde el oficialismo perdió incluso en sus bastiones históricos— no es análisis político: es nostalgia con micrófono. El propio Peronismo bonaerense, que fue siempre el termómetro nacional del movimiento, hoy atraviesa una crisis terminal de representación. Pero desde Formosa, Timerman insiste en ver una “reorganización” bajo el mando del caudillo norteño, como si la Argentina del 2025 pudiera girar alrededor de un gobernador que lleva casi tres décadas en el poder y no puede salir de su propio feudo sin custodia institucional.
Hablar de “liderazgo efectivo” cuando se gobierna una provincia donde la oposición no puede fiscalizar, la prensa independiente es perseguida y el aparato estatal funciona como partido político, es casi una burla. En cualquier sistema democrático serio, un gobernador con semejante nivel de control sobre la vida pública estaría más cerca de una intervención federal que de conducir un partido nacional.
Timerman dice que “si convoca Insfrán, van todos”. Tal vez. Pero irían los mismos de siempre: intendentes con causas, punteros con contratos y militantes rentados del programa Por Nuestra Gente Todo, el reality político con el que se construye un relato interno para consumo local.
¿De verdad alguien cree que un país que discute modernización, productividad y recambio generacional va a mirar hacia Formosa en busca de inspiración? ¿O es que la desesperación por encontrar un nuevo “líder” en el PJ hace que cualquier caudillo con votos censales parezca un salvador?
El llamado “Modelo Formoseño” que Timerman elogia como “éxito” no es otra cosa que un sistema de control social, propaganda y subordinación institucional. Sí, gana elecciones: con padrones inflados, empleados públicos obligados y un aparato económico dependiente del Estado. Si ese es el modelo que el peronismo quiere “adoptar y mejorar”, entonces su problema no es la reorganización: es la decadencia moral.
Gildo Insfrán no está en condiciones de conducir el peronismo. Está en condiciones de explicar, algún día, cómo convirtió una provincia entera en un espejo roto del viejo régimen. Y Timerman, desde su nostalgia setentista, podría al menos reconocer que el peronismo del siglo XXI no se reconstruye con los escombros del autoritarismo provincial.
Porque si el futuro del movimiento depende de Formosa, el peronismo ya no busca volver: busca jubilarse.


Educación, equilibrio fiscal y la cuenta que nadie quiere pagar

Formosa se convirtió en el insulto que los candidatos usan para hablar mal de Córdoba

Doble crimen en Gran Guardia: el sospechoso fue detenido en Santa Fe tras escapar en micro

El "Pitufo" Cañiza bajo la mirada de la justicia federal por lavado de activos en Clorinda

El endeudamiento tiene un solo culpable: Milei, según el oficialismo formoseño

Formosa se convirtió en el insulto que los candidatos usan para hablar mal de Córdoba

Formosa será sede del Congreso Nacional de la Juventud de La Libertad Avanza

"Este señor no nos representa": graduados de Humanidades rechazan la firma del ex Decano Olmedo en sus títulos universitarios

Educación, equilibrio fiscal y la cuenta que nadie quiere pagar

