
Gildo vs. Las Lomitas: el oficialismo castiga al municipio que amenaza su continuidad
leonardo fernández acosta
En Las Lomitas no solo se está discutiendo seguridad: se está discutiendo poder. Y cuando el poder en Formosa se siente amenazado, la respuesta histórica del gildismo nunca fue el diálogo ni la competencia leal, sino el desgaste sistemático del adversario. Hoy, el blanco es uno solo: Atilio Basualdo, diputado nacional electo por La Libertad Avanza y jefe político del único municipio formoseño que se escapa del control del PJ local.
El oficialismo lee a Las Lomitas como un laboratorio, un símbolo incómodo del presente y, sobre todo, del futuro. Si la Corte Suprema termina por inhabilitar a Gildo Insfrán para volver a presentarse, cualquier intendente que no responda al aparato se transforma automáticamente en amenaza. Y Basualdo, con su perfil mediático y la exposición nacional adquirida, es la amenaza más visible. Por eso, lo que ocurre en el municipio no parece un accidente: parece un mensaje.
Cinco cuadras arrasadas: vandalismo o advertencia
El episodio que indignó a los vecinos —cinco cuadras enteras de la Avenida Almirante Brown destruidas durante la noche— es apenas la superficie. Postes de iluminación arrancados, mobiliario urbano destrozado, sectores de las plazoletas hechos trizas. Cinco cuadras arrasadas entre Tribunales y el Cementerio. Todo esto a tan solo dos cuadras de la Comisaría y frente a oficinas judiciales, es decir, en una zona donde la presencia policial debería ser permanente.
La indignación barrial se tradujo en una frase que se escucha en voz baja en la localidad: “esto está liberado”.
Y cuando algo se libera en Formosa, nunca es porque la Policía —que depende del ministro Jorge Abel González— “no llegó a tiempo”. La Policía en Formosa es disciplinada y altamente politizada: hace lo que le indican. Y lo que no hace, también.
Picadas, peleas y un descontrol que apareció de un día para otro
El vandalismo no es un hecho aislado: se suma a las picadas nocturnas, las peleas callejeras y los disturbios de fin de semana que nadie controla. Los vecinos denuncian lo obvio: la Policía provincial “no hace nada”.
Y lo más inquietante es la simultaneidad: los hechos aparecieron de golpe, como si alguien hubiera bajado la orden de correr la mirada.
Las Lomitas pasó de ser un municipio con conflictos puntuales —como cualquier localidad del interior— a convertirse en una especie de “zona gris” donde reina el descontrol calculado. Y cuando el descontrol es repentino, en Formosa nunca es casual.
El manual de desgaste: dejar que todo se pudra
Nada de esto es nuevo. El gildismo conoce de memoria un método que aplicó durante décadas con intendentes díscolos o dirigentes que osaron construir autonomía:
1. Se corta la asistencia.
2. Se multiplican los obstáculos burocráticos.
3. Se incentiva el conflicto social.
4. Se deja que la inseguridad haga su trabajo.
5. Luego se señala al opositor como incapaz de gobernar.
El objetivo es sencillo: quebrar la gobernabilidad de Basualdo y condicionar su capacidad política. Hacerlo tropezar antes de que pueda siquiera mostrar resultados. Demostrar que cualquier municipio por fuera del sello azul está condenado al caos.
En otras palabras: convertir Las Lomitas en un caso testigo para disciplinar al resto de la provincia.
Un mensaje mirando a 2027
Si Insfrán queda inhabilitado, el PJ deberá reinventarse sin su figura central. En ese escenario, un intendente opositor con proyección puede convertirse en un “problema” demasiado grande. Y Las Lomitas, con su crecimiento, su importancia estratégica y su visibilidad, es un lugar que el oficialismo no puede darse el lujo de “perder”.
La inseguridad desatada, los vandalismos inexplicables y la pasividad policial no son simples fallas: son síntomas de una estrategia. Porque cuando el poder en Formosa quiere marcar territorio, no manda comunicados: manda señales. Y lo que pasó en la Avenida Almirante Brown es una señal clara.
Las Lomitas está pagando el precio de una disputa que no es solo local: es provincial. Y todo indica que el oficialismo prefiere verla arder un poco antes que permitir que Basualdo crezca demasiado.


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