
Mientras evacúan animales, el Estado los censa para regularizarlos y cobrarles impuestos
leonardo fernández acosta
Otra vez lo mismo. Otra vez el mismo libreto. Otra vez el gobierno provincial llega cuando el agua ya está adentro de los campos, cuando los productores ya están arriando a las apuradas lo que queda de sus animales, cuando el Bañado La Estrella ya dejó de ser paisaje para convertirse en amenaza. No hay prevención, no hay planificación, no hay gestión: hay reacción tardía y discurso oficialista recitado de memoria.
Las declaraciones del responsable de monitoreo hídrico describen una postal repetida: cañones comprometidos, zonas rurales bajo agua, productores que hace semanas vienen sacando ganado por su cuenta, corrales improvisados, pérdidas inevitables. Todo eso ya estaba pasando antes de que el gobierno decidiera “monitorear” la situación. Monitorear… cuando la inundación ya ocurrió. Una política pública convertida en relato tardío.
Lo más grave no es solo la lluvia ni el río: es la negligencia sistemática. Años de inundaciones cíclicas, años de advertencias, años de productores pidiendo obras serias, y el Estado provincial sigue actuando como si cada crecida fuera una sorpresa. La previsión brilla por su ausencia; la improvisación, no.
Mientras los pequeños ganaderos reman para salvar sus animales, el Ministerio de la Producción anuncia —con absoluta frialdad burocrática que su prioridad para 2026, será organizar remates, aumentar plazas comerciales y reforzar trámites ante la ATP. Un ministerio pensando en remates… mientras los productores están hundidos en el agua. Una gestión de escritorio, desconectada de la realidad, incapaz de leer el momento.
Pero el absurdo llega más lejos: en plena emergencia, el subsecretario García Labarte habla de “regularizar documentación tributaria para formalizar a los productores”. Traducido: van a seguirles cobrando impuestos mientras intentan rescatar lo único que les queda con vida. El Estado no los asiste primero: los registra, los controla y los aprieta. La solidaridad oficial tiene forma de expediente.
Todo esto no es casualidad: es impericia estructural, negligencia acumulada e ineficacia política. Un gobierno que se muestra fuerte en actos, discursos y propaganda, pero débil o directamente ausente, cuando la realidad exige gestión, previsión y obras que eviten que la historia se repita cada año.
Las inundaciones no son un “evento inesperado”. Son un fenómeno conocido, medido y previsible. Que los productores pierdan animales, que sufran robos en el caos del traslado, que deban evacuar a las apuradas… no es una consecuencia natural: es el resultado de un Estado que llega tarde y que nunca aprende.
En Formosa, el agua vuelve cada año. Lo que nunca llega a tiempo es el gobierno.


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