
El delirio de Insfrán: amenaza a Milei con un "susto" electoral mientras la Corte lo jubilará de oficio
leonardo fernández acosta
Hay discursos políticos que envejecen mal. Y después están los discursos de Gildo Insfrán, que parecen escritos en una realidad paralela.
Desde Banco Payaguá, el gobernador volvió a ponerse en modo estadista nacional. Habló de federalismo, de Europa, del capitalismo, del comunismo, del fascismo, del peronismo y, como no podía faltar, de Javier Milei.
Y terminó lanzando una advertencia de esas que parecen sacadas de una campaña electoral de hace veinte años: Milei “va a tener un gran susto”.
El problema es que Insfrán parece haber olvidado un pequeño detalle: antes de pronosticar quién se va a asustar en las próximas elecciones, debería saber si él podrá ser candidato.
Porque mientras el gobernador se presenta ante sus seguidores como protagonista inevitable del futuro político argentino, su propia posibilidad de volver a competir está atravesada por el conflicto constitucional que llegó a la Corte Suprema.
Es decir: Insfrán habla de las elecciones como si ya tuviera reservado el lugar en la boleta.
Todavía no sabe si la Justicia le permitirá jugar el partido que ya está festejando.
Y ahí aparece el primer gran delirio de la columna.
EL HOMBRE QUE “MIRA ADENTRO” PERO HABLA DE TODO MENOS DE FORMOSA
Insfrán dice que los formoseños somos federales y que “no miramos a Europa, miramos adentro del país”. Perfecto. Entonces sería interesante que el gobernador mirara un poco más hacia adentro de Formosa. Que mirara los salarios. Que mirara la pobreza. Que mirara la falta de empleo privado. Que mirara a los jóvenes que se van. Que mirara la infraestructura que todavía falta. Que mirara el estado de los servicios públicos. Que mirara las oportunidades que tienen los formoseños que no dependen del Estado.
Porque resulta bastante curioso hablar de “mirar adentro” mientras buena parte de la provincia lleva décadas mirando hacia afuera en busca de oportunidades que el modelo provincial no consigue generar.
El federalismo no consiste en levantar banderas contra Buenos Aires mientras se concentra el poder político durante décadas en una sola persona.
El federalismo también significa tener instituciones fuertes, alternancia, división de poderes y ciudadanos que puedan elegir libremente entre distintas alternativas.
LA “TERCERA POSICIÓN” COMO REFUGIO RETÓRICO
Insfrán también volvió con la vieja fórmula: ni capitalismo ni comunismo; peronismo.
Una definición tan amplia que sirve para explicar absolutamente todo y, al mismo tiempo, casi nada.
Porque mientras reivindica una supuesta tercera posición entre “la explotación del hombre por el hombre” y “la explotación del hombre por el Estado”, su modelo político lleva décadas construido alrededor de un Estado provincial que ocupa prácticamente todos los espacios posibles de poder y es por lejos el mayor explotador de la provincia, como empleador en blanco y en negro.
Estado como empleador. Estado como proveedor. Estado como contratista. Estado como herramienta política. Estado como estructura electoral.
"MILEI VA A TENER UN GRAN SUSTO”
Y finalmente llegó la profecía.
Insfrán asegura que Milei va a tener un “gran susto” electoral. Puede ocurrir. En democracia, ningún resultado está escrito. Pero hay algo que resulta particularmente llamativo: el gobernador habla de la campaña de Milei con una seguridad que no tiene sobre su propia candidatura.
Es casi una escena de humor político. Insfrán: “Milei va a tener un gran susto”. La realidad: primero habrá que ver qué resuelve la Corte sobre la posibilidad de que Insfrán vuelva a presentarse.
Es como si un jugador, antes de saber si está habilitado para entrar a la cancha, se dedicara a pronosticar por cuántos goles va a perder el rival.
EL FANTASMA DEL “FASCISMO”
Insfrán tampoco pudo evitar otro recurso habitual: llamar fascista al Presidente.
Según la columna, Milei tendría un lenguaje fascista porque ataca a quienes no piensan como él, incluidos periodistas y funcionarios.
La discusión sobre los modos y los excesos del Presidente puede ser perfectamente válida.
Lo que resulta difícil de digerir es que la crítica provenga de un gobernador que lleva más de tres décadas en el poder y que ahora pretende presentarse como defensor de una democracia pluralista mientras pelea jurídicamente por una nueva posibilidad de permanencia.
Para hablar de autoritarismo ajeno conviene tener la casa propia en orden.
Porque democracia no es solamente ganar elecciones. Democracia también es aceptar límites. Aceptar alternancia. Aceptar controles. Aceptar que las instituciones pueden decir que no. Y, sobre todo, aceptar que ningún dirigente tiene derecho adquirido a permanecer indefinidamente en el poder.
EL PROBLEMA NO ES EUROPA: ES EL ESPEJO
Insfrán dice que no mira a Europa.
Tal vez el problema sea que tampoco quiere mirar demasiado el espejo.
Porque si realmente se tratara de mirar hacia adentro, debería mirar los resultados de décadas de administración provincial y explicar por qué una provincia con recursos naturales, producción, territorio y potencial sigue teniendo una economía tan dependiente del Estado.
Debería explicar por qué tantos formoseños buscan oportunidades fuera de la provincia. Debería explicar por qué la discusión política sigue girando alrededor de una sola figura.
Y debería explicar por qué, después de tantos años, el futuro de Formosa continúa pareciendo inseparable del futuro personal de Gildo Insfrán.
Eso no es federalismo. Eso es personalismo. Y el personalismo puede disfrazarse de peronismo, de federalismo, de tercera posición o de defensa de la patria. Pero sigue siendo personalismo.
EL “SUSTO” PUEDE SER PARA OTRO
Quizás Insfrán tenga razón y Milei reciba un susto electoral.
Eso lo decidirán los votos.
Pero hay otro susto bastante más inmediato que el gobernador debería contemplar: el de descubrir que el futuro político de Formosa puede empezar a discutirse sin Gildo Insfrán en la boleta.
Y ese sí sería un verdadero cambio de época.
Porque durante décadas el oficialismo formoseño consiguió convertir cada elección en un plebiscito sobre Insfrán.
Ahora, por primera vez, la discusión puede ser otra. No cuánto sacará Insfrán. Sino si Insfrán podrá competir. La posibilidad de que algún día el poder tenga que aprender a caminar sin Gildo.


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