Tarjetas magnéticas "denegadas": la nueva trampa del Banco Formosa para rendir a los jubilados
Lo que está ocurriendo con los jubilados de la Caja de Previsión Social de Formosa no es un "problema técnico". Es un atropello sistemático, premeditado y cobarde contra los sectores más vulnerables de la población, ejecutado por una entidad que ostenta el monopolio financiero del gobierno de Gildo Insfrán y que parece confundir "agente financiero del Estado" con "feudo propio donde se hace lo que se quiere".
Todos los meses la misma película: cajeros vacíos. No por falta de reposición —porque el efectivo existe— sino por desidia, por falta de mantenimiento, por una administración que trata a sus clientes como rehenes. El jubilado que cobra sus magras haberes y se encuentra con cajeros sin un peso tiene que peregrinar por supermercados, farmacias y agencias de pago, donde encima la tarjeta le aparece "DENEGADA". ¿La excusa? La tarjeta magnética vieja con banda y PIN. La solución que el banco no dice en voz alta pero que todos sospechamos: "cambiá la tarjeta por una con chip".
Y acá está la perversidad del asunto: no es una falla aleatoria. Afecta exactamente a quienes todavía usan la tarjeta magnética. Las tarjetas con chip funcionan sin problemas. Es decir, el banco está generando artificialmente una falla para forzar la migración. No porque la tecnología vieja sea intrínsecamente incompatible —la banda magnética funciona desde hace décadas— sino porque al banco le conviene que los jubilados vayan a la sucursal, hagan la cola, tramiten la nueva tarjeta y de paso queden registrados en el nuevo sistema.
Es la estrategia berreta de siempre: no invertir en infraestructura, no reponer efectivo a tiempo, no mantener los sistemas, y cuando el usuario queda varado, culpabilizarlo por "no actualizarse". Mientras tanto, el jubilado que cobra la mínima tiene que esperar hasta cuatro horas en ventanilla para sacar su dinero de un cajero humano, porque los automáticos no tienen plata y la tarjeta no le funciona en comercios.
El Banco Formosa no compite con nadie. Es el agente financiero del gobierno provincial, el que maneja las cuentas del empleo público, el que paga los sueldos. Los jubilados y empleados activos no tienen opción real: no pueden "cambiarse de banco" porque el Estado provincial les impone esta entidad. Y cuando tenés un cliente cautivo, no necesitás tratarlo bien. Podés fallarle todos los meses, podés dejarlo sin efectivo, podés denegarle la tarjeta, podés condenarlo a cuatro horas de cola. A llorar al cruz mayor.
Esto no es un hecho aislado. Hace poco la Justicia provincial condenó al banco a hacerse cargo de una de tantas estafas virtuales con cuentas de caja de ahorro. O sea: el mismo banco que no puede garantizar que un jubilado retire veinte mil pesos de un cajero automático, tampoco puede proteger las cuentas de sus clientes de los delincuentes. El mismo banco que deja cajeros vacíos es el que después lava culpas con comunicados. El mismo banco que deniega una tarjeta magnética vieja es el que se desentiende cuando vacían una cuenta por phishing.
El Banco Formosa tiene clientes que no eligió, pero que igual merecen respeto. Los jubilados formoseños trabajaron décadas para cobrar una jubilación magra que este banco les administra con desprecio. No son números: son personas que necesitan su dinero para comer, para medicamentos, para vivir. Y todos los meses se encuentran con una nueva sorpresa desagradable.
La crítica es simple y contundente: un banco que no puede garantizar efectivo en sus cajeros, que no puede mantener operativas sus tarjetas, que fuerza a sus clientes cautivos a hacer colas de cuatro horas, que genera fallas artificiales para "migrar" a la fuerza, y que acumula condenas judiciales por estafas, no es un banco. Es una oficina de cobro disfrazada de entidad financiera, sostenida por el monopolio y por la indiferencia de un gobierno que usa a los jubilados como variable de ajuste operativo.
El Banco Formosa no es un banco. Es una vergüenza con sucursales.
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