
Marcelo Ocampo se suma al sublema de la desesperación: Zárate, sin red ni respaldo, mueve sus últimas fichas
leonardo fernández acosta
En un capítulo más del culebrón opositor formoseño, Marcelo “Pepe Guapo” Ocampo reapareció en escena como primer candidato a diputado provincial dentro de un sublema de la Alianza por la “Libertad y la República”. Lo que debería ser una señal de renovación, suena más bien a reciclaje táctico al borde del manotazo de ahogado.
La jugada, lejos de ser estratégica, tiene nombre y apellido: Osvaldo Zárate, el operador eterno que, sin el respaldo de Ricardo Buryaile y cada vez más aislado, busca con este movimiento sostener las pocas piezas que le quedan en el tablero.
Mientras algunos hablan de “libertad” y otros de “república”, lo que se ve es un rejunte de nombres conocidos, desgastados y sin estructura real. Zárate intenta presionar al armado de la lista oficial de concejales de la UCR, la que encabezan Agostina Villaggi y Miguel Montoya como diputados provinciales, con un sublema alternativo que polarizaría los votos radicales con la candidatura de Diego Herrera, su última ficha visible en el Concejo Deliberante.
Con Marcelo Ocampo, vuelve Julieta González como segunda diputada provincial, la compañera de fórmula de “Pepe Guapo” en su fallida aventura municipal por Clorinda.

La operación parece más un pase de factura que una construcción política. Lo cierto es que, sin Buryaile y con una pareja diputada (Ana Costa Akenbrand) que fue increpada en Fontana por sus propios correligionarios, Zárate no encuentra aire ni en los pasillos ni en las urnas. Y con el cierre de listas a la vuelta de la esquina (25 de mayo), el experimento de “sublema presión” parece tener más olor a interna partidaria que a propuesta seria para el electorado.
¿Es esta una oferta legítima al electorado o simplemente una estrategia para asegurar un cargo más? La pregunta no es ingenua. En una oposición marcada por la “modernidad líquida”, como bien describe la inestabilidad actual de alianzas, sellos y liderazgos, la candidatura de Ocampo representa el síntoma más claro de un sistema político que ya no busca representar, sino simplemente sobrevivir.
Mientras tanto, la ciudadanía observa cómo las estructuras partidarias no ofrecen proyectos, sino nombres repetidos y estrategias de encaje. Y eso, lejos de fortalecer la democracia, la debilita.


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