
¿Y dónde está el piloto? La oposición a la deriva entre traiciones, personalismos y oportunismo
leonardo fernández acosta
Los resultados definitivos de las elecciones locales no dejaron lugar a interpretaciones optimistas. No solo por la derrota en sí, sino por el espectáculo posterior: peleas, reproches cruzados, alianzas vergonzantes, mezquindades personales y candidatos reciclados que vuelven de entre los muertos políticos.
El caso de Gabriela Neme es un buen ejemplo. Fue excluida de la Legislatura tras una maniobra de "ajuste matemático" en el piso electoral, una especialidad del oficialismo que, con voto cautivo, siempre logra subir la vara justo lo necesario. Pero lo que debería haber generado una reacción firme y unificada de la oposición, se diluyó en el silencio cómplice de quienes ya estaban bailando con el gildismo, celebrando una banca obtenida a cambio de toda dignidad política.
La UCR volvió a ser lo que nunca dejó de ser en Formosa: un socio funcional al poder. No hay relato posible que disimule ese rol. Ricardo Buryaile, derrotado cuando pretendió volver al Congreso Nacional, aparece de nuevo en la escena, y Rubén Rodríguez —un saltimbanqui partidario serial— posa en todas las fotos como si aún representara algo más que su ambición personal.
Como si fuera poco, sin aparecer, Luis Naidenoff, el exsenador nacional sigue manejando la estructura radical como si fuera una PYME política heredada. Gracias a los beneficios del sistema de lemas, tan útil al oficialismo como a sus falsos opositores, Naidenoff logró colocar las dos primeras bancas del lema radical. Una victoria que más que electoral, es administrativa, otorgada por el sistema que dice combatir. Es el triunfo del acuerdo tácito con el poder, de la repartija, del reparto de cargos sin votos propios aportados inocentemente por LPT.
Tampoco Gabriela Neme está exenta de errores. Su decisión de no aliarse con La Libertad Avanza por una candidatura familiar que finalmente se concretó igual, deja expuesto el personalismo que la atraviesa. Le ganó al sistema en votos, pero perdió en estrategia.
Y Paoltroni, que parecía una figura disruptiva, terminó preso de los acuerdos con una UCR en descomposición, mientras desde su propio espacio no quisieron presentar candidatos a diputados provinciales cediéndoles sus votos a los radicales que inmediatamente se apropiaron de los mismos sin poner la cara, salvo por Agostina Villaggi cuando provocó una pelea en el Lote 110.
Nadie entiende porque el empresario, hoy senador nacional, no fue más allá que solo las candidaturas a convencionales constituyentes, cuando es un hecho que la nueva constitución saldrá a medida del feudal formoseño. La oposición es minoría absoluta.
La pregunta que nadie quiere responder es si en octubre se repetirá el papelón. Porque si Insfrán supera a la oposición dividida por más del 50%, se lleva los tres diputados nacionales. Otra vez. Y todo indica que eso no solo es posible: es probable.
El único elemento nuevo en este tablero es la boleta única. Ahí no hay lemas, ni colectoras, ni acarreos compulsivos. Solo el voto directo. Y eso incomoda al poder. Pero no servirá de nada si la oposición insiste en reproducir los mismos errores, las mismas caras y la misma lógica de supervivencia personal por encima del proyecto colectivo.
¿Habrá ruptura definitiva? ¿Habrá una nueva fuerza con coraje y claridad para enfrentar al régimen? ¿O la oposición seguirá girando en su rueda de hámster, discutiendo cargos mientras el gildismo se perpetúa?
La política es, entre otras cosas, la capacidad de aprender del error. Si la oposición no entiende lo que pasó, no le quedará mucho por qué competir en octubre. Solo le restará ver desde la tribuna cómo el feudalismo se lleva todo, otra vez, sin ni siquiera tener que esforzarse.


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