
El jet del complot que anticipó Formosa Investiga: Insfrán, vuelos de lujo y una maniobra que terminó en papelón
leonardo fernández acosta
A las 17 horas de este miércoles, aterrizó en el aeropuerto “El Pucú” el Learjet 60 matrícula LV-CCO, propiedad de la empresa Baires Fly. Es el mismo avión que el día anterior había trasladado a Gildo Insfrán a Buenos Aires, en uno de esos viajes que ya se volvieron rutina para el gobernador eterno de Formosa: vuelos privados que rondan los 20 mil dólares, pagados mientras la provincia acumula pobreza estructural, salarios congelados y servicios públicos en terapia intensiva.
El avión volvió. El plan, no.
Porque el verdadero objetivo del viaje no era institucional ni protocolar. Insfrán viajó como operador político, como articulador de una maniobra para trabar la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, en coordinación con otros gobernadores peronistas que pretendían montar una foto de presión en el Consejo Federal de Inversiones (CFI). Una escena de poder para condicionar el debate en el Congreso y defender intereses propios bajo el discurso de la “defensa de las provincias”.
Pero el complot fracasó.
La reunión prevista para este mediodía en el CFI se suspendió. No hubo foto, no hubo pronunciamiento conjunto, no hubo presión real. Bastaron algunos llamados, encabezados por Diego Santilli, para que varios mandatarios se bajaran y dejaran expuesta la fragilidad de la maniobra. Gobernadores dialoguistas y aliados del oficialismo evitaron quedar pegados a una jugada que tenía más de rosca defensiva que de preocupación genuina por el federalismo.
Entre los impulsores del encuentro estaban Axel Kicillof, Ricardo Quintela, Gustavo Melella y, por supuesto, Gildo Insfrán. El mismo Insfrán que gobierna Formosa desde hace décadas sin paritarias libres, sin estadísticas confiables, sin alternancia política, y que ahora pretende erigirse en paladín de los derechos laborales. Una ironía demasiado burda incluso para la política argentina.
El argumento formal era la preocupación por la caída de la recaudación provincial, especialmente por los cambios en Ganancias. El argumento real era otro: frenar una reforma que altera equilibrios de poder, que incomoda a estructuras sindicales amigas y que pone en discusión un sistema que muchos gobernadores prefieren intocable porque les garantiza control político antes que desarrollo.
El resultado fue el peor para Insfrán no porque haya gastado dinero público en vuelos privados sino porque no consiguió la foto, no logró bloquear el avance del proyecto y quedó expuesto como parte de una maniobra fallida. Mientras tanto, el Learjet volvió a Formosa. Silencioso, puntual, eficiente. Todo lo que no fue la operación política que transportó.
En una provincia donde faltan insumos en hospitales, donde los docentes reclaman salarios dignos y donde la juventud emigra por falta de futuro, 20 mil dólares por vuelo no son un detalle: son un símbolo. El símbolo de una dirigencia que se mueve en jets privados para defender privilegios, mientras exige sacrificios a los de siempre.
Insfrán regresa simulando normalidad. Pero el mensaje ya está claro: cuando el poder se acostumbra al lujo y al complot, termina chocando con la realidad. Y esta vez, ni el avión pudo despegar la maniobra.


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