El discurso de apertura de sesiones 2026 de Gildo Insfrán fue, otra vez, el mismo libreto de hace décadas: épica peronista, enemigo externo, enumeración interminable de cifras y la proclamación de que el “Modelo Formoseño” funciona mejor que cualquier otro. Lo novedoso no fue el contenido, sino la forma: lectura acelerada, dificultades para vocalizar con claridad, tramos en los que el mensaje parecía leerse más por obligación que por convicción, como si el objetivo fuera terminar rápido antes que abrir un año político con precisión y liderazgo. Y, sin embargo, los números fueron abundantes, minuciosos y extraordinariamente detallados.
El gobernador comenzó exaltando la nueva Constitución provincial, aprobada “por unanimidad”, definida como “una de las constituciones más completas, avanzadas e innovadoras de la República Argentina”. Desde allí saltó al escenario internacional para afirmar que “ese orden mundial ha colapsado”, denunciando el unilateralismo de Estados Unidos y acusando al gobierno nacional de “sumisión total” frente a la potencia del norte, rematando con la consigna histórica: “¡Patria sí, Colonia no!”. En ese marco sostuvo que la Argentina libertaria está llevando al país a una etapa “pre-peronista”, con reforma laboral, apertura de importaciones y desmantelamiento del Estado, citando cifras alarmantes: cierre de más de 22.000 empresas, pérdida de más de 650 empleos registrados por día, caída del consumo del 13%, jubilados con una pérdida del 27% de poder adquisitivo y una inflación que según dijo se acelera por octavo mes consecutivo, obviando la hiperinflación a la que íbamos seguro con el peronismo gobernando.
Para Formosa denunció una pérdida superior a $400.000 millones, incluyendo recursos de consensos fiscales, obras impagas, programas sociales y sanitarios y una deuda previsional de más de $270.000 millones. Aseguró que la provincia recibe seis veces menos ejecución presupuestaria por habitante que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sin embargo, en el mismo discurso informó que los Ingresos Totales provinciales del ejercicio 2025 ascendieron a $2.781.035.439.663,93, con Ingresos Corrientes por $2.777.815.781.238,66 y de Capital por $3.219.658.425,27, mientras que las Erogaciones Totales fueron de $2.746.686.222.288,80, con Erogaciones Corrientes por $2.364.142.039.216,66 y de Capital por $382.544.183.072,14, arrojando un Resultado Financiero Superavitario de $34.349.217.375,13. Es decir, superávit por 24 años consecutivos.
Enumeró 139 obras finalizadas en 2025, 1.552 obras educativas durante su gestión, 47 establecimientos escolares inaugurados el último año y $84.600 millones destinados a cubrir rubros salariales docentes tras el recorte nacional del FONID. Denunció un recorte del 93% en educación técnica por parte de la Nación y destacó la creación de 23 escuelas técnicas y agrotécnicas, alcanzando 31 en total. Señaló 1.602 egresados del nivel superior, 99 primeros graduados en Programación de la UTN, 23 de la Universidad Provincial de Laguna Blanca y 95 del Instituto Politécnico “Dr. Alberto Marcelo Zorrilla”.
En salud afirmó haber inaugurado 255 hospitales y centros de salud durante su gestión; en 2025 se realizaron más de 2.400.000 atenciones ambulatorias, 110.000 internaciones y 17.278 cirugías. Informó 324 trasplantes y 1.115 pacientes tratados en el Centro de Medicina Nuclear “Presidente Néstor Carlos Kirchner”. Anunció una inversión de $12.800 millones para la etapa final del Ciclotrón. Destacó la inversión de más de $162.000 millones en medicamentos, la producción de más de 2 millones de comprimidos en LAFORMED, 600.000 repelentes y 170.000 dosis de larvicida.
En materia social, informó una inversión de más de $56.400 millones en políticas nutricionales, 18.000 familias beneficiadas por el Plan Nutrir, 26.000 familias indígenas con módulos alimentarios y asistencia a 800 personas con celiaquía. Destinó $10.679 millones al subsidio eléctrico, $1.190 millones al transporte interurbano y más de $300 millones para equiparar el precio de la garrafa. Señaló 3.202 personas asistidas por violencia de género, 36 Centros de Desarrollo Infantil con más de 2.500 niños, 37 Casas de la Solidaridad y 21 gimnasios terapéuticos.
En infraestructura detalló 167 kilómetros de líneas eléctricas, 547 transformadores, más de 10.000 postes, plantas fotovoltaicas de 15 MV en Ingeniero Juárez y futuras en Las Lomitas, Pirané y Laguna Blanca, 72 kilómetros de ripio en la ruta 40, obras en rutas 4, 5 y 32, 42 cuadras de pavimento urbano, $11.500 millones para obras pluviales y de agua, plantas potabilizadoras en Laguna Yema, Tres Lagunas y el Vertedero de ruta 28, 19.000 metros de cañerías para 145 conexiones domiciliarias, defensa del río Pilcomayo y obras en múltiples localidades. En producción habló de $477.000 millones invertidos por el sector privado, 3.300 puestos de trabajo proyectados en la biosiderúrgica y 144.000 toneladas anuales de arrabio verde, 51 cooperativas confeccionando 353.000 prendas, créditos por $591 millones y subsidios de tasas por $624 millones, 2.700 emprendedores con ventas por $908 millones y titularización de más de 57.000 hectáreas rurales.
El discurso fue exhaustivo, casi contable. No dejó sector sin mencionar ni cifra sin pronunciar. Pero el problema no fue la cantidad de datos, sino el contraste inevitable entre la épica y la permanencia en el poder. Si el modelo funciona con superávit desde hace 24 años, si la inversión pública es tan vasta, si la infraestructura sanitaria y educativa es tan amplia, si la provincia resistió sola la “motosierra libertaria”, entonces la pregunta que sobrevuela es por qué, después de tres décadas de gobierno continuo, Formosa sigue dependiendo estructuralmente del empleo público y de transferencias nacionales.
El mensaje repitió la idea de que “el discurso libertario tiene un gran problema: la realidad”. Pero la realidad también incluye que quien habló gobierna desde 1995. La épica de la resistencia permanente pierde fuerza cuando el poder es permanente. La consigna “¡Patria sí, Colonia no!” suena intensa, pero repetida durante treinta años deja de ser advertencia y empieza a parecer recurso retórico automático.
No faltaron números. No faltaron obras enumeradas. No faltaron enemigos externos. Lo que faltó fue autocrítica, horizonte distinto, novedad política. El discurso fue largo, denso, leído con apuro y sin pausa reflexiva. Abrió las sesiones legislativas, pero no abrió un debate nuevo. Fue, en definitiva, la reafirmación de un modelo que se sostiene en cifras monumentales y en una narrativa épica constante, pero que cada año necesita repetir más fuerte lo mismo para convencernos de que nada está en discusión.











