
El pacto latente que amenaza al trono: el renacer de la alianza Jofré-Celauro
leonardo fernández acosta
El triunfo de Ariel Caniza en Clorinda, apalancado por la agrupación "Valores Ciudadanos" —bastión político del intendente capitalino Jorge Jofré— no es un mero resultado electoral. Es una jugada maestra, una advertencia de que la sucesión política en Clorinda no se rinde al dedo de Insfrán, sino que responde a una lógica territorial que excede al verticalismo peronista.
El PJ retuvo el municipio, sí, pero no por obra del gildismo. Lo hizo a pesar de él. Porque la maquinaria que impuso a Arturo Cabral, el exjuez impulsado por el senador Miguel Mayans, fracasó estrepitosamente. Apenas logró cosechar la mitad de los votos de Caniza. Y en ese resultado no solo hay una derrota: hay un mensaje cifrado que llegó hasta la última oficina de la Casa de Gobierno.
La vieja sociedad de dos barones
Manuel Celauro, el extinto viejo zorro del segundo distrito electoral más importante de la provincia, siempre desafió en silencio al conductor. No lo gritó, pero lo hizo notar. Ganó elecciones, mantuvo independencia, y se cuidó de no romper del todo. Jorge Jofré, en la capital, repitió la jugada: resistió todos los intentos del gildismo por imponerle rivales, y salió victorioso cada vez. A pesar de las presiones, los recursos y los operativos.
Ambos comparten algo más que territorio y peronismo: comparten una memoria. Una historia no tan lejana donde el descontento con Insfrán casi se transformó en ruptura. Años atrás, se sentaron a la misma mesa a conspirar, a imaginar un futuro sin el eterno gobernador. Estuvieron cerca. Muy cerca. Pero Jofré, más pragmático, bajó la guardia. Celauro, fiel a su estilo, se replegó. Y la revolución quedó suspendida, apenas recordada por unos pocos como un susurro maldito.
El regreso del plan inconcluso
Pero ahora, el destino vuelve a juntarlos con otro protagonista. Y no por casualidad. Las condiciones han madurado. Jofré no podrá reelegirse. Celauro ya no está pero su memoria allanó el camino a su sucesor. La elección de Caniza reactivó la maquinaria dormida. El "fuego amigo" no ha desaparecido: solo estaba invernando.
Lo que pasó este domingo no es solo un resultado electoral. Es una proclama silenciosa. Los territorios siguen bajo el mando de los dos barones. No hay obediencia al modelo. Hay autonomía. Y en esa autonomía, hay poder. Un poder que —aunque aún no se exhibe— puede, cuando lo decidan, transformarse en ruptura.
El último capítulo no está escrito, pero los tiempos se acortan. Jofré con Caniza ya no pueden esperar otra década. Las piezas se están moviendo. Y si alguna vez soñaron con disputarle el trono a Insfrán, hoy vuelven a tener las condiciones, la excusa y, sobre todo, los votos.
La historia vuelve a crujir en Formosa. Y no por el clamor opositor, sino por la implosión que empieza a gestarse en las propias entrañas del poder.
Leonardo Fernández Acosta
Licenciado en Comunicación Social


General Belgrano: el caso que interpela al periodismo en su día y deja al poder de Insfrán sin respuestas

Acto del PJ, una humillación en cada elección: el disfrazado viaje a la esperanza con destino final en la dependencia

Lo que dejó el día de la mujer: el acarreo indigno de pobres y el festejo de los megalómanos gildistas enriquecidos

El cartelito de la Neme, el abrazo de Zárate y la teoría de la cancelación


Ofensiva judicial con respaldo nacional: Neme y Ottosen buscan en la Justicia Federal poner fin al adoctrinamiento político en las escuelas de Formosa

"La condena es nula": el abogado de Paoltroni detalla las seis irregularidades del fallo por desmonte en Formosa

Cerca del juicio oral: Megacausa con vacas falsas y un Banco Nación Formosa que prestaba a ciegas

Orden tardío y a medias en La Libertad Avanza: el intento de control llega cuando el desborde ya era evidente

